Volver a la rutina sin volver al piloto automático
Mujer ante el ordenador pensando en sus vacaciones antes de volver a la rutina
Conducta · Emociones · Desarrollo humano

Septiembre devuelve horarios, reuniones y obligaciones. La pregunta es si también tiene que devolvernos exactamente a las mismas prisas, respuestas y maneras de funcionar.

Agosto tiene una habilidad curiosa: todavía no ha terminado y septiembre ya empieza a ocupar sitio.

Llega un correo que empieza con “a la vuelta”. Resucita algún grupo de WhatsApp que llevaba semanas en silencio. Alguien pregunta por horarios. Aparecen reuniones donde antes había huecos. Y la agenda, que llevaba unos días comportándose razonablemente bien, empieza a recuperar sus viejas costumbres.

Casi sin darnos cuenta volvemos a decir: “En septiembre me organizo”.

Y probablemente lo hagamos. El asunto es qué más vuelve con nosotros.

Porque cuando regresa la rutina no regresan únicamente el trabajo, los colegios, los desplazamientos o el despertador. También pueden reaparecer nuestras antiguas formas de responder: contestar deprisa, ir apagando fuegos, decir que sí antes de pensarlo, posponer lo importante para atender lo urgente.

Hasta que llega uno de esos días en los que hemos hecho muchísimo y, sin embargo, cuesta recordar cuánto de todo aquello habíamos elegido realmente.

El problema de septiembre no siempre es volver a la rutina. A veces es volver demasiado deprisa a nuestras viejas maneras de vivirla.

¿Por qué volvemos tan rápido a los mismos hábitos después de vacaciones?

Porque nuestra conducta no depende únicamente de nuestras decisiones. También influyen los contextos en los que vivimos y las respuestas que hemos repetido muchas veces dentro de ellos.

Dicho de forma menos académica: hay lugares, horarios y situaciones que parecen saber perfectamente qué botón pulsarnos.

Nos sentamos delante del ordenador y hacemos lo de siempre. Entra determinado mensaje y reaccionamos como siempre. Aparece una petición inesperada y el “sí” sale antes de que hayamos tenido tiempo de preguntarnos qué queríamos responder.

La investigación sobre hábitos lleva años describiendo este fenómeno: cuando una conducta se repite de manera estable en determinados contextos, las señales asociadas a esos contextos pueden facilitar que la respuesta aparezca con cada vez menos deliberación consciente. [1] [2]

Por eso unas vacaciones pueden darnos descanso, distancia e incluso una mirada diferente sobre nuestra vida, pero no borran automáticamente las respuestas que llevamos meses o años practicando.

Vuelve el escenario y, con bastante facilidad, vuelve también el guion.

¿Por qué tener buenas intenciones no siempre cambia nuestra conducta?

Porque querer hacer algo de otra manera y conseguir hacerlo cuando llega la situación real son dos cosas distintas.

Septiembre se presta especialmente bien a confundirlas.

Compramos una agenda nueva. Decidimos hacer deporte. Nos prometemos terminar antes de trabajar. Recuperamos aquel proyecto. Nos reservamos una tarde. Volvemos convencidos de que esta vez sí vamos a organizarnos mejor.

Y algunas de esas decisiones funcionan. Otras duran hasta la primera semana complicada.

Podemos estrenar agenda y seguir diciendo sí cuando queríamos decir no. Reservarnos dos tardes y entregarlas a la primera urgencia ajena. Decidir que trabajaremos con más calma y encontrarnos, diez días después, comiendo delante del ordenador.

Puedes estrenar agenda y seguir viviendo exactamente igual.

¿Qué no quieres volver a normalizar este septiembre?

Tal vez sea una pregunta más útil que empezar el mes con otra lista de objetivos.

Cuando pensamos únicamente en lo que queremos conseguir, resulta muy fácil añadir más cosas a una vida que ya estaba bastante llena.

Antes de añadir, merece la pena mirar.

Algunas preguntas para dejar abiertas:

¿Qué forma de reaccionar aparece una y otra vez cuando vuelven las prisas?

¿Qué estabas haciendo de otra manera este verano y no quieres perder en diez días?

¿Qué estás llamando “normal” simplemente porque llevas mucho tiempo haciéndolo así?

¿En qué momentos abandonas tus propias prioridades para responder a las de los demás?

¿Qué pequeña señal te demostraría dentro de unas semanas que estás respondiendo de otra manera?

No hace falta contestarlas todas. Basta con que alguna consiga hacer algo poco habitual: detenernos antes de reaccionar.

¿Cómo evitar volver al piloto automático?

Empieza por identificar una situación concreta en la que suelas responder automáticamente y decide qué quieres hacer de otra manera cuando vuelva a ocurrir.

No hace falta transformar tu vida entera el próximo lunes. De hecho, suele ser mucho más útil trabajar sobre una escena real que sobre un propósito enorme.

1

Localiza la escena

“Quiero vivir con menos estrés” es demasiado amplio. Observa cuándo empieza realmente la secuencia: al abrir el correo, cuando alguien te pide algo, al llegar tarde o cuando aparece determinada emoción.

2

Elige una respuesta distinta

Esperar antes de contestar. Preguntar antes de interpretar. Terminar una cosa antes de abrir otra. Cambiar un sí automático por un “te respondo luego”.

3

Hazlo practicable

Tiene que poder existir también un martes malo: con sueño, tráfico, un imprevisto y la agenda torcida. Si solo funciona cuando todo va bien, probablemente todavía sea una buena intención.

4

Observa qué sucede

No necesitas hacerlo perfecto. Necesitas información: qué te lo pone fácil, qué vuelve a arrastrarte, qué emoción aparece y en qué momento recuperas la respuesta de siempre.

¿Qué tiene que ver todo esto con el desarrollo personal?

El desarrollo personal también consiste en aprender a reconocer nuestras respuestas habituales, comprender qué las activa y ampliar nuestra capacidad para elegir cómo actuar.

Durante años hemos convertido el desarrollo personal en algo demasiado parecido a fabricar versiones nuevas de nosotros mismos: más productivas, más seguras, más organizadas, más disciplinadas.

Pero quizá no necesitemos pasar la vida instalándonos actualizaciones.

A veces el trabajo más interesante empieza en algo mucho más sencillo: darnos cuenta de qué estamos haciendo mientras lo estamos haciendo.

Reconocer una emoción antes de obedecerla. Detectar una interpretación antes de tratarla como un hecho. Escuchar qué necesidad puede haber debajo de una reacción. Descubrir qué seguimos repitiendo aunque hace tiempo que dejó de servirnos.

Ahí aparece algo central en nuestro modo de entender el desarrollo humano : recuperar capacidad de elección.

Lo que observamos trabajando con personas

Desde 2014, formando y acompañando a personas en procesos de cambio, hay algo que vemos una y otra vez: normalmente sabemos bastante más de lo que conseguimos aplicar.

Sabemos que necesitamos poner límites. Sabemos que algunas conversaciones nos hacen daño. Sabemos que estamos exigiéndonos demasiado. Sabemos qué deberíamos priorizar.

La dificultad suele aparecer cuando llega la escena real.

Por eso, cuando en ESEM Training trabajamos coaching integrativo y desarrollo humano , no nos interesa únicamente que una persona comprenda conceptos. Nos interesa que aprenda a reconocer cómo esos conceptos aparecen en una conversación, una decisión, una relación y en su propia conducta.

Septiembre no necesita una nueva versión de ti

Dentro de unos días volverán los horarios, la agenda tendrá menos huecos y habrá semanas que saldrán bastante distintas de como las habíamos imaginado.

Eso forma parte de la vida real.

La diferencia quizá no esté en conseguir una rutina perfecta, sino en reconocer antes esos momentos pequeños en los que volvemos a funcionar como siempre.

Cuando aparece el “sí” instantáneo y conseguimos convertirlo en un “déjame pensarlo”. Cuando notamos que estamos llenando otra vez todos los espacios y dejamos uno libre. Cuando estamos a punto de responder de la manera habitual y nos damos unos segundos más.

Son gestos pequeños. Pero muchas veces el cambio real tiene bastante más que ver con ellos que con las grandes declaraciones de septiembre.

No necesitas volver siendo otra persona. Quizá sea suficiente con no dejar de escucharte en cuanto vuelva el ruido.

Marien Fernández
Dirección Académica · ESEM Training – Escuela de Emociones

ESEM Training trabaja desde 2014 en formación en coaching, conducta, emociones y desarrollo humano, combinando comprensión, trabajo personal y práctica aplicada.

Nuestro interés no está únicamente en saber más sobre las personas, sino en comprender mejor cómo sentimos, interpretamos, decidimos, nos relacionamos y actuamos.

Referencias

[1] Wood, W. & Neal, D. T. (2007). A New Look at Habits and the Habit–Goal Interface. Psychological Review, 114(4), 843–863. Consultar referencia

[2] Gardner, B., Lally, P. & Wardle, J. (2012). Making health habitual: the psychology of habit-formation and general practice. British Journal of General Practice, 62(605), 664–666. Consultar referencia

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