¿Crees que puedes ser más feliz pero no encuentras la manera? ¿Consideras que te mereces sufrir menos ya que tu vida está siendo tremendamente dura? ¿Qué situación de tu vida cambiarías para que todo fuese más fácil y disfrutases más?

Seguro que esta última pregunta te mueve algo por dentro que te haría responder rápidamente: Un trabajo mejor, mayor estabilidad económica, una pareja que me trate tal como necesito, un mundo más justo y empático……

Esa variedad de respuestas, en muchos casos nos causan frustración, porque no está en nuestra mano la solución. Sin embargo, sí hay algo que está en tu mano y que puedes hacer cara a cambiar las cosas.

Sé un colibrí

Cuentan los guaraníes que un día hubo un enorme incendio en la selva. Todos los animales huían despavoridos, pues era un fuego terrible. De pronto, el jaguar vio pasar sobre su cabeza al colibrí… en dirección contraria, es decir, hacia el fuego. LLe extrañó sobremanera, pero no quiso detenerse. Al instante, lo vio pasar de nuevo, esta vez en su misma dirección. Pudo observar este ir y venir repetidas veces, hasta que decidió preguntar al pajarillo, pues le parecía un comportamiento harto estrafalario:
¿Qué haces colibrí?, le preguntó.
Voy al lago -respondió el ave- tomo agua con el pico y la echo en el fuego para apagar el incendio.
El jaguar se sonrió.
¿Estás loco?- le dijo. ¿Crees que vas a conseguir apagar lo con tu pequeño pico tú solo?
Bueno- respondió, el colibrí- yo hago mi parte
Y tras decir esto, se marchó a por más agua al lago.

Esta fábula me hizo recapacitar sobre la necesidad de “hacer nuestra parte”. En mi caso, me encantaría tener el poder para acabar con los problemas que están afectando a muchísimos niños inocentes que sufren bajo los bombardeos, las armas de los ejércitos ocupantes de su territorio, las hambrunas provocadas por el voraz comercio….. sé que no puedo hacer nada contra ello.

Cuando he tenido la oportunidad de dirigir formaciones a mis compañeros de grupos de voluntarios y activistas, siempre he recordado la frustración que surje en el corazón de la persona altruista, de ver que su esfuerzo no se queda reflejado en los resultados de la vida. Pero ¿sabes? Has hecho tu parte!.

Esto mismo se puede aplicar a nuestra vida diaria, cuando vemos cosas que nos aflijen y que depende de nosotros la solución, ¿cómo entonces hacemos nuestra parte?

Si no puedes cambiarlo, cambia tu actitud

Nada hay más enemigo de la felicidad que la frustración, la vergüenza, la culpa, el miedo y la dependencia emocional. Todo esto, tiene como origen los pensamientos limitantes y negativos. Wayne Dyer dijo en una ocasión “Estás a un pensamiento de cambiar tu vida” y esa frase la tengo grabada en mi agenda diaria, me ha acompañado durante tiempo y he comprobado que funciona.

Pero ahora me dirás.. dónde vas loca! ¿Cómo voy a controlar mis pensamientos?!

La respuesta está en lo que nos enseña la práctica de Mindfulness: No lo controles, observarlos. Y cuando te pilles en una queja, en un pensamiento negativo, acusador hacia tí mismo o tu entorno.. entonces… sonríe, muéstrate amable, y repítelo, pero de forma positiva. Verás cómo poco a poco cambia tu vida.

Claro, esto es más sencillo de escribir que de hacer, pero ahí está la magia. Si dejas que campen por tu vida pensamientos negativos sin ton ni son, no te quejes de estar sufriendo, de que tu vida no es lo suficientemente de calidad como para sentirte feliz.

Si tu compromiso está en mejorar tu situación, y dejar de ponerle pegas a todo… modifica tu actitud, cambiando al menos 3 pensamientos diarios. Ponte en tu hoja de tareas, repetirte 3 veces al día el maravilloso ser que eres y que vas a descubrir cada día más.

Para ello nos ayudaremos de hábitos de vida saludables, que mantendrán nuestro estado mental en mejor situación para tener una actitud positiva. Si quieres saber cuáles, no dejes de leer el artículo de nuestra próxima semana, en el que te daremos algunas claves para cuidar tu mente y con ello, tus emociones y actitud.