Si nos has visitado en alguna ocasión, habrás podido apreciar que solemos quemar incienso de forma regular. De hecho, muchas personas adquieren en nuestro centro las mismas marcas que tenemos debido a que les gusta el aroma.

Muchos ritos religiosos han usado el incienso durante siglos, es habitual asociar el incienso a ritos o prácticas espirituales que asocian el incienso a una purificación del alma.

Mucho se ha dicho respecto al incienso y por internet corren artículos de lo peligroso que es su humo para la salud. Estudios realizados muestran que al quemar el incienso, desprende en su humo una sustancia llamada creosota, similar a la del tabaco.El estudio, realizado en China, concluyó que si bien hacen falta más estudios para determinar la diferencia y/o peligrosidad entre diferentes inciensos, se recomienda utilizarlo en espacios ventilados.

Algo que debes tener en cuenta en el uso del incienso es comprobar su humo. Si es oscuro cambia de marca. El humo del incienso debe ser poco y claro. Es preferible que gastes un poquito más en marcas que sean más naturales que las que contienen diferentes sustancias químicas además de incienso.

Sin embargo, hace ya tiempo que vengo abriendo mi mente hacia las costumbres milenarias (no doctrinas). Parece que con el paso del tiempo, la ciencia va encontrando que ciertas creencias/rituales tienen ahora una base científica importante que les convierte en parte necesaria de nuestra vida. Un ejemplo de esto es la meditación.

Mientras que en occidente durante muchos años hemos considerado la meditación como parte de una religión, algo muy místico destinado a supuestos iluminados o gurús, la ciencia ha demostrado repetidamente en los últimos decenios, la importancia vital de la meditación o Mindfulness en nuestra vida. En otro artículo entraremos un poco más en detalle sobre el Mindfulness, porque si no me voy del tema del incienso.

¿Es posible que igual que con la meditación, la ciencia haya descubierto que el incienso tiene propiedades sobre “el alma”?

Pues parece que sí, de hecho un equipo de biólogos de la Universidad de Johns Hopkins afirman que quemar incienso es positivo para el cerebro.

El estudio realizado sobre ratones, concluye que una resina del árbol del incienso actúa combatiendo la ansiedad y la depresión debido al acetato de incensole que se extrae de esta planta y que actúa sobre unas determinadas áreas del cerebro vinculadas a las emociones y sobre los circuitos cerebrales en los que inciden los medicamentos antidepresivos y ansiolíticos.

El estudio concluye que quemar incienso activa la proteína TRPV3 que es la que envía señales al cerebro de la temperatura. Es decir, es un sensor, que está siendo investigado también para los casos de dolor crónico. Esta proteína también es importante para el incremento del pelo y la salud apropiados de la piel y adquiere un rol importante en la regulación emocional.

Las propiedades antinflamatorias del incienso también han sido estudiadas en esta investigación, concluyendo que el incienso inhibe la inflamación y tiene un efecto protector contra al daño neurológico.

Parece que aún quedan muchos paradigmas por romper, muchas viejas creencias, y que nos toca abrir nuestra mente más sobre lo que hacían nuestros ancestros para obtener una lección que nos permita mejorar nuestra maltrecha calidad de vida en esta sociedad industrial para la que no estamos preparados.

A la falta de más estudios sobre los beneficios o perjuicios del incienso, yo lo usaré, siempre ventilando bien la sala, pero aprovechando sus beneficios sobre mis emociones. ¿Y tu? Déjame tus comentarios al respecto de lo que piensas, seguro que serán muy enriquecedores.