Un día Nasrudín, maestro espiritual, perdió las llaves de casa. Ya de noche, el pobre hombre aún andaba a gatas, a la luz de un farolillo de aceite, buscando en vano las malditas llaves. En eso casualmente pasó por allí un viejo amigo suyo.
–¡Eh, Narsudín!, pero ¿qué haces? –preguntó el buen hombre.
–Estoy buscando mis llaves –contestó Nasrudín desconsolado.
Viendo el abatimiento de su amigo, el hombre, que era muy bondadoso, decidió echarle una mano y ayudarlo en la búsqueda.
Pero los minutos pasaban y pasaban y las llaves de Nasrudín no aparecían por ningún lado. Al cabo de un buen rato de búsqueda infructuosa alrededor del farolillo, aquel hombre, que no veía nada clara la situación, quiso entender qué había sucedido realmente:
–Vamos a ver, Nasrudín: pero ¿tú dónde has perdido las llaves?
–En el jardín de casa –murmuró él.
–Entonces, ¿qué hacemos buscando aquí, alrededor del farol?
–Hombre, ¡pues porque aquí hay más luz! –contestó Nasrudín sin pensarlo dos veces.

Este pequeño cuento pretende inspirarnos. Cuántas veces hacemos esfuerzos sobrehumanos por conseguir algo, que nos desgastan, nos agotan, nos dejan sin energía. ¿Y si lo que buscamos no está dónde lo hacemos? ¿Y si, como dice en un cuadro que tenemos en nuestro instituto, lo que pasa es que buscamos en las ramas lo que sólo está en las raíces?

A veces, se trata tan sólo de pedir ayuda. Nos bloqueamos y nos obcecamos en lo que entendemos por nuestra lógica, como Nasrudín. Pero la ayuda de una persona de confianza puede ayudarte a encontrar la solución.

¿Qué ocurre cuando pides ayuda?

Malgasté mucho tiempo pensando que pedir ayuda es ser vulnerable, sin reconocer que uno es vulnerable cuando está sólo, sin herramientas y sin pedir al compañero de al lado que las tiene de sobra.

A veces, no pedimos ayuda simplemente porque no queremos molestar. Cuando esto ocurre, plantéate, ¿te gustaría que tu mejor amigo lo estuviera pasando mal y no te pidiese ayuda?

En otras ocasiones, nuestro ego sale a flote gritándonos que quien es esa persona, para que pueda ayudarte o enseñarte algo. O que a nadie le interesa tu vida (Ni te digo la de veces que yo he hecho estas cosas en el pasado). Pero ¿sabes? la verdadera grandeza y sabiduría es cuando empiezas a reconocer que toda persona que aparece en tu vida te da una gran lección, por muy humilde que parezca.

¿Qué te estás diciendo para no pedir ayuda?¿Qué ocurre cuando pides ayuda?

Hay que distinguir de forma clara, entre pedir ayuda cuando uno la necesita y estar en la queja. La gran diferencia es que quien está en la queja no se mueve, sólo espera a que lo que le rodea sea modificado, para sólo entonces, instalarse en otra queja. La queja es adictiva y no lleva más que a volvernos tóxicos para nuestro entorno.

Hablamos de pedir ayuda no desde una actitud de víctima, no desde la parálisis, sino desde la acción. La responsabilidad sobre nuestras acciones tiene que impulsarnos a que en ocasiones, la acción sea recurrir a otros para que nos ayude a cambiar el observador. Verlo todo desde otra perspectiva puede ser la clave. Esto es lo que hacemos desde el coaching, cambiar el observador.

Si como Narusdín, estas buscando “tus llaves” y no las encuentras, llama a algún amigo de confianza o a algún profesional con experiencia probada en ayudar a “encontrar llaves”. Perder más energía buscando en el lugar adecuado, sólo te llevará a que tires la toalla, cuando tal vez, tus sueños estén más cerca de lo que crees.

Si necesitas ayuda, te escucho. Te comprendo, he pasado por dónde estás. Llámame y te diré dónde nos encontramos!