Un día Nasrudín, maestro espiritual, perdió las llaves de casa. Ya de noche, el pobre hombre aún andaba a gatas, a la luz de un farolillo de aceite, buscando en vano las malditas llaves. En eso casualmente pasó por allí un viejo amigo suyo. –¡Eh, Narsudín!, pero ¿qué haces? –preguntó el buen hombre. –Estoy buscando mis llaves –contestó Nasrudín desconsolado. Viendo el abatimiento de su amigo, el hombre, que era muy bondadoso, decidió echarle una mano y ayudarlo en la…